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Mitología y simbología
Página en construcción, proximamente iremos habilitando esta sección.
Hermetismo, alquimia, heráldica, medallística ..
Sobre el origen del nombre de Atenea en los diálogos de Platon
“...Sócrates: No es difícil dar la razón o explicación del otro nombre de la diosa.
Hermógenes: ¿de Cuál?
Sócrates: la llamaremos también Pallas ¿no es eso?
Sócrates: Creo que estaríamos en lo verdadero haciendo derivar este nombre de la danza de las armas. Pues elevarse uno mismo en el aire o levantar cualquier otra cosa, bien sea apoyándose o en la tierra, bien sea sirviéndose de las manos, es lo que nosotros llamamos pallein (agitar) y palleszai (agitarse) hacer danzar o mover.
Hermógenes: Exactamente
Sócrates: Pallas, pues se explica así.
Hermógenes; Y con razón; pero, ¿qué dices tú del otro nombre?
Sócrates: ¿Del de Atenea?
Hermógenes: Sí
Sócrates: Esto es mucho más serio, amigo mío. Al parecer, ya los antiguos opinaban sobre Atenea como hacen actualmente los conocedores de la poesía homérica. La gran mayoría de estos, pretenden que él hizo de Atenea el mismo espíritu y el mismo pensamiento; el autor de los nombres parece tenía de ella una idea análoga; yendo aún mas lejos, y con la intención de significar la inteligencia de la divinidad (theou noésis) afirma por así decirlo, que ella es la razón divina (a theonóa) poniendo la `a´ de un dialecto extranjero en lugar de la `e´ y suprimiendo la `i´ y la `s´. Pero quizá tampoco sea esta la razón del nombre, y estimara el autor que ella concibe mejor que los otros las cosas divinas (ta theia noousa) llamándola Theonóe. Nada impide por otra parte, que sea la inteligencia natural (e en to ethei nóesis) identificada por él con esta diosa, que él hubiera querido llamar Ethonóe, pero creyendo embellecer el nombre, se lo modificó, fuera éste el mismo autor, fueran otros luego de él, y se lo convirtió en Atenáa. ”
Crátilo o de la exactitud de las palabras pgss.526/527
Platon – obras completas – editorial Aguilar 1966
El mito olímpico, como podemos apreciar, es una profusión y síntesis de anteriores mitos, establecidos entre los diversos pueblos de la Hélade antes del siglo V a.d.C, por lo que estudiar los mitos olímpicos, nos lleva a intentar descifrar otros más antiguos, superpuestos y velados en los mismos.
Atenea no es una excepción. Su madre es la oceánide Metis (la sabiduría primordial del mito pelasgo, regente junto a Cneo del planeta (theoi) Mercurio o la astucia, el trato, astucia o truco de la teogonía de Hesiodo) que debe morir a consecuencia de un aciago oráculo. Para salvar a la criatura que Metis lleva en su Seno, es devorada por Zeus, naciendo Atenea de la cabeza de su padre, completamente armada y preparada para la batalla. Dando a entender de este modo, que la sabiduría debe estar preparada para combatir ante el mundo material, con inteligencia, sin dejarse llevar por las emociones ni los instintos primarios.
De hecho, su hermano Ares (el señor de las batallas, también de los hombres buenos entre los pelasgos y Laecedemonios) nace de la esposa de Zeus, Hera sin intermediación de padre. Creándose un binomio aparentemente antagónico. En realidad se complementan, se confunden y alternan en sus significados. Los dos hermanos (Atenea-Ares) relacionan la necesidad de la estrategia y la prudencia ante los conflictos. Pensar antes de actuar, para no repetir el episodio de Prometeo y Epimeteo.
Patrona y protectora de las artes y las ciencias, Atenea representa el triunfo de la razón y las virtudes humanas (potencialidades a desarrollar y motores de la civilización) frente a las brumas de la ignorancia y el oscurantismo. Fue elegida por los clásicos como regente de la ciudad que llevaría su nombre. La Atenas de Pericles, cuna de la democracia y los valores modernos de libertad de pensamiento y derecho civil.
Sus alegorías a lo largo de la historia, hacen constante alusión al progreso y la cultura. A medida que el mundo grecorromano expandía su área de influencia, sus tradiciones fueron enriqueciéndose y fusionándose con otras mas antiguas, presentes desde tiempos pretéritos en los pueblos asimilados por el mundo clásico, creándose una amalgama de mitos y creencias entre el occidente y el oriente del continente euroasiático.
Los sacerdotes egipcios contaban a Solom, uno de los siete grandes sabios de Grecia, como la Atenea griega, preexistía en la ciudad de Sais como Neith. Una de las divinidades primigenias egipcias.
El mito olímpico la hace nacer en el lago Tritonis en Libia. En el orfismo como el gigante Pallas (aquello que está en constante movimiento por sí mismo) que rescatará el corazón de Zagreo, despedazado por los titanes, para resucitar como Dyonisos en Eleusis al grito de ¡¡ Iacchos, Iacchos !! En Roma se convirtió en Minerva, al fusionarse con la Menrva Etrusca, formando parte de la tríada capitolina. Ayudó al titán Prometeo a obtener el fuego del Olimpo para los mortales y de igual modo, estaba presente al lado de los héroes homéricos, instruyéndolos e inspirándolos.
Atenea al igual que Dyonisos, Apolo, Hermes y otros dioses amigos del hombre, constituyen mitos tremendamente complejos y ricos en múltiples significados, al unificar en un solo personaje, diferentes modalidades de interpretación. Desde caracteres psicológicos, fenómenos naturales, hechos históricos, astronómicos y cosmogonías entre otros múltiples significados. Pues los mitos son eso, extensos tratados simbólicos, que a modo de inmensas enciclopedias, vivas en la memoria colectiva de los pueblos, enriquecen el acervo cultural de la humanidad. Manteniendo vivos arcanos conocimientos, adquiridos incontables generaciones atrás. Por ello deben ser respetados y tenidos como un gran legado, pues hablan para todo aquel que sepa escucharlos. Para todo aquel que se atreva a sumergirse en sus significados alegóricos, se desvelará un mundo aparentemente nuevo que siempre ha estado presente pero que hemos olvidado, al perder nuestra inocencia natural... El recuerdo de una época mítica, donde hombres y dioses, magos y héroes convivían en paz y armonía con la naturaleza, intentando dar un sentido a la existencia de quien sepa interpretarlos correctamente. El mito son los ecos de nuestros antepasados, que reclaman nuestra atención para no repetir constantemente los mismos errores.
“Lo que no se ha soñado previamente, no alcanza la existencia. En cierto modo, el mito prefigura, anticipa una historia siempre sorprendente”
Ricardo Olmos – centro de estudios históricos CSIC |
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